Principios Bíblicos Creencias y Prácticas IDP
El Comité de Doctrina Bíblica y Gobierno de la Iglesia de Dios de la Profecía publica a mediado de mayo 2008, el documento titulado Principios Bíblicos, Creencias y Prácticas de la Iglesia de Dios de la Profecía. Les presentamos un resumen de este documento y descargas (ver final de la página).
La Iglesia de Dios de la Profecía basa sus creencias en «toda la Biblia correctamente dividida». Aceptan la Biblia como la Palabra de Dios divina, inspirada, inerrable e infalible, y acuden a ella como su autoridad máxima en doctrina, práctica, organización y disciplina.
Les presentamos un resumen del documento:
Doctrinas Fundamentales y Salvación
La iglesia está firme en su compromiso con una fe cristiana ortodoxa, afirmando que hay un solo Dios que existe eternamente en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Creen en la deidad de Cristo, Su nacimiento virginal, Su vida sin pecado, Su muerte expiatoria, la resurrección de Su cuerpo, Su ascensión a la diestra del Padre y Su retorno personal en poder y gloria durante Su Segunda Venida.
La regeneración por el Espíritu Santo es indispensable para la salvación de la humanidad perdida. El proceso comienza con:
- Convicción y Arrepentimiento: La obra del Espíritu Santo produce convicción, que es la conciencia y el reconocimiento de haber pecado contra Dios. El arrepentimiento no solo implica sentirse compungido por el pecado, sino también apartarse y abandonar la vida antigua (hábitos pecaminosos) para asumir un nuevo caminar en la fe.
- Justificación: Es un estado y una acción; por parte de Dios, es Su acto de perdonar los pecados de los que se han arrepentido y declararles aceptados en una nueva relación. La persona es justificada por la fe en Jesucristo.
- Regeneración/Nuevo Nacimiento: Describe la obra de Dios que provee una nueva vida espiritual al creyente, vivificándolo a través del Espíritu Santo. El creyente «nace de nuevo». Esta entrada a una nueva vida de discipulado induce al creyente a buscar activamente más de Dios.
- Santificación: Primordialmente, se extiende durante toda la vida del creyente. Inicialmente, es una obra instantánea de la gracia subsiguiente a la justificación, la cual separa a uno para Dios y crucifica la vieja naturaleza, liberando al creyente del dominio del pecado. La santificación requiere intencionalidad del creyente para transformarse en la imagen de Cristo y ser santo en vida y conducta.
- Santidad: Es un mandamiento del Señor: «Sed santos, porque yo soy santo». Es el estado de estar libre del dominio del pecado y debe ser una búsqueda activa y de todo corazón por parte del creyente. Se requiere «santidad, sin la cual nadie verá al Señor».
El Espíritu Santo
El bautismo del Espíritu Santo es una experiencia definitiva e instantánea que sigue o puede acompañar a las experiencias de salvación y santificación. Esta morada es acompañada por la evidencia de hablar en otras lenguas según el Espíritu les dé que hablen. Hablar en lenguas se considera la evidencia inicial del bautismo con el Espíritu Santo, aunque no debe ser una experiencia «preponderante», ya que el caminar diario en el Espíritu edificará el carácter cristiano (el fruto del Espíritu). La iglesia enseña que los dones espirituales no han cesado y existen en el cuerpo de Cristo, distribuidos por el Espíritu.
El fruto del Espíritu que se manifiesta en la vida del creyente incluye: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza.
Sanidad Divina y Señales
La iglesia cree que la sanidad divina ocurre mediante el poder de Dios, sin la ayuda de la medicina o destrezas quirúrgicas. La gracia soberana de Dios, a través de la expiación de Cristo, provee para la sanidad/salvación de nuestras almas y cuerpos. Las señales milagrosas y maravillas pueden acompañar las obras y ministerios de los verdaderos creyentes (como echar fuera demonios y sanar a los enfermos).
Ordenanzas de la Iglesia
La iglesia observa tres ordenanzas principales:
- El Bautismo en Agua: Es un acto de ser sumergido en agua. No lava los pecados, sino que es la evidencia exterior de la sumisión a Cristo y una declaración pública de ser Su seguidor, identificándose con Su muerte, sepultura y resurrección.
- La Cena del Señor: Es una ordenanza sagrada que representa la comunión y confraternidad con Cristo. Consiste en el «fruto de la vid” (jugo de uva sin fermentar) y pan sin levadura, representando Su sangre y Su cuerpo quebrantado. Nadie debe acercarse a la mesa con un pecado sin perdonar.
- Lavatorio de Pies de los Santos: Instituido por Jesús, representa la unidad común (comunidad) entre los seguidores de Cristo y establece un espíritu de servicio. La iglesia promueve observarlo en el mismo servicio en que se celebra la Cena del Señor, hasta donde sea posible.
Prácticas Financieras y Restitución
- Diezmando y Ofrendando: Diezmar significa entregar una décima parte de las ganancias a la tesorería de la iglesia para la obra de Dios y el sustento de quienes ministran la Palabra. Ofrendar es un acto adicional al diezmo.
- Restitución: Es el acto de restaurar lo tomado indebidamente o satisfacer a alguien contra quien se haya cometido una falta, siendo un resultado natural de la salvación. Se debe buscar corregir las faltas hasta donde sea humanamente posible.
Eschatología (Eventos Finales)
La iglesia cree en la Segunda Venida Pre-milenaria de Cristo, que consta de dos fases:
1. El Señor desciende en el aire para resucitar a los santos muertos y llevarse a los santos vivientes (El Rapto).
2. Cristo regresa con los santos para reinar en la tierra por mil años.
Todos los muertos, justos y malvados, serán resucitados para rendir cuentas ante el trono de juicio. Los justos recibirán la vida eterna, mientras que los incrédulos y malvados están condenados al castigo eterno del cual no hay escapatoria, sin liberación ni aniquilación.
Abstinencia y Conducta Personal
La iglesia enseña la abstinencia total del uso de bebidas intoxicantes (licor u otras bebidas alcohólicas), citando que el vino es escarnecedor y que no deben embriagarse, sino ser llenos del Espíritu. También prohíben el uso de tabaco en cualquier forma, así como el uso habitual de narcóticos o cualquier droga que produzca dependencia, ya que el cuerpo es el templo del Espíritu Santo.
La iglesia se opone a la membresía en logias o sociedades secretas, requiriendo lealtad total a Dios y oponiéndose a actividades secretas, ya que nada ha hablado Jesús en oculto.
El vocabulario propio del creyente prohíbe tomar un juramento en vano; la afirmación de la verdad («Sí, sí; No, no») es suficiente. El jurar también puede ser blasfemar, lo cual está condenado.


